jueves, noviembre 07, 2002
Advertencia: Casi todo lo que viene a continuación fue escrito, pero no publicado (vago que es uno), unas semanas atrás. Lo digo para que no os liéis ni con las referencias temporales ni con cómo me siento en estos momentos. Porque poco a poco las cosas van cambiando en mi interior. Y eso es bueno.
Este año me he matriculado de una asignatura nueva: Psicobiología (una optativa de segundo ciclo). A la peña le parece un rollo de asignatura, pero a mí la verdad es que me gusta y mucho (eso sí, reconozco que el profe no la da de una forma muy amena que digamos). Hoy le he estado echando un vistazo al tema de Motivación y emoción (la próxima semana nos hacen un mini-examen de lo que llevamos dado).
¿Qué hace que yo vuelva a escribir en este blog? Misterios... bueno, creo que sí lo sé, aunque es posible que cada uno de vosotros tenga su propia hipótesis particular al respecto; puede que todas ellas distintas. Puede incluso que todas tengan parte de razón.
El caso es que desde hace unos días estoy un tanto triste. Sé el desencadenante (realmente carece de importancia), pero estoy intentando descubrir el porqué me ha entristecido. Creo que hay en mí una mezcla muy confusa de sentimientos. A ratos estoy contento, o mejor dicho satisfecho, y a ratos estoy triste y soy capaz de pasar de un estado a otro casi sin solución de continuidad. Lo primero ocurre fundamentalmente cuando soy capaz de hacer las cosas que me he propuesto, como quedarme esta tarde a estudiar en la biblioteca o ponerme a contestar unos cuantos emails que llevo atrasados. Estos instantes pasajeros de satisfacción son un tanto escasos en número, pero son muy significativos para mí en estos momentos; consiguen que albergue la esperanza de que puedo lograr lo que deseo si me lo propongo. Esa sensación de poder, aunque sólo sea ante la realización de las cosas más nimias, me da la fuerza suficiente para que siga adelante en mi lucha por la consecución de mis metas.
En cuanto a mis momentos tristes, este fin de semana tuve la oportunidad de disfrutar de unos cuantos. Lo importante del asunto es que me ha hecho reflexionar y darme cuenta de que tengo un problema, por más que trate de evitarlo. De momento sólo estoy consiguiendo identificar torpemente las piezas del rompecabezas. Por ejemplo el cariño, el amor, la rabia, el dolor... pero la pieza que más quebraderos de cabeza me está dando y la verdadera culpable de mi tristeza es el rencor. Sé que está ahí, la tengo en mis manos y no soy capaz de encajarla en ningún lado. Me pregunto por qué está en la bolsa; es más, creo que hasta ahora me he negado incluso a reconocer su presencia, simplemente la ignoraba y continuaba cogiendo más piezas. Pero eso no soluciona nada; tarde o temprano al meter la mano en la bolsa para seguir recomponiendo mi puzzle aparece de nuevo y por sorpresa, justo cuando ya estoy a punto de creerme mi propio engaño.
Pues bien, ahora sé que está. La contemplo detenidamente y analizo su forma, su tamaño, el dibujo que tiene, si hay alguna forma de encajarla en algún lado y también el porqué de su presencia. Todavía no he conseguido resolver todos mis interrogantes, aunque intuyo que está ahí por un sentimiento de exclusión y marginación. Creo que es algo que en realidad llevo dentro desde pequeño, no puedo culpar a nadie por sentirme a veces como me siento, pero eso no quita que me duela y me dé rabia. Supongo que pudo haber ayudado eso de venir de fuera, encontrándome en un entorno desconocido, o el que mis intereses no coincidieran mucho con el de mis compañeros del colegio, o no ser muy bueno jugando al fútbol o al baloncesto, o todo ello junto... o puede que sencillamente sea un tipo raro y poco sociable y punto (creo que no, y aunque a veces lo piense, eso no soluciona nada. Además, creo que sería algo remediable). El caso es que el sentirme en fuera de juego me resulta molesto, pero cuando se trata de grupos es algo a lo que creo que estoy relativamente acostumbrado y hasta ahora no ha pasado gran cosa, me voy a otra parte y se acabó el problema. A lo que no lo estoy es a sentirme excluido cuando se trata de la relación que yo pueda tener con alguien en particular, ya sea un amigo o una pareja. El saber que alguien a quien yo siento cercano a mí tiene problemas y no me los cuente, no confíe en mí, o tema que no le vaya a aceptar por mostrarse ante mí tal y como es, me causa un profundo dolor. He visto que hasta puede llegar a afectar a mi autoestima, ya que me siento como si no fuera parte de la vida de esa persona, sino algo accesorio, perfectamente prescindible.
Veo con desesperación que vuelvo a tener en mis manos la pieza del rencor y me horroriza la idea. Me urge la necesidad de poder tirarla lejos de mí; estoy seguro de que eso me permitiría resolver una buena parte del puzzle, pero por más que lo intento no soy capaz de deshacerme de ella, vuelve una y otra vez. Y eso me entristece y me causa un profundo dolor, porque de no conseguirlo sé que perderé a quien creo podría ser una gran amiga.
posted by Logan 12:19 AM